Bienvenido a nuestro blog.
Antes de comenzar a leer, te recomiendo que te pongas cómodo.... los relatos por lo general son largos, así que... prepárate un cafetillo (o cualquier cosa que te apetezca), relájate... y disfruta de la lectura.

Espero que te guste y vuelvas pronto para leer mi próximo viaje..







sábado, 21 de junio de 2008

Semana Santa en Lisboa

Pues sí. Por fín salimos de la piel de toro (al menos de la que forma parte España). Teníamos muchas ganas de cruzar la frontera y probar suerte fuera de España, y en Semana Santa, aprovechando que teníamos nueve días, pensamos que era una muy buena oportunidad para salir al menos a Portugal, que tampoco nos pilla excesivamente lejos. (Debido a la duración del viaje, el relato del mismo también será más extenso que habitualmente, por lo que recomiendo una silla, un bocata o algo para picar y una cerveza mientras se lee, jejejej).

Como iba a ser el viaje más largo que hacíamos hasta ahora, tuve que preparar bastante más ropa (y de invierno, que aún abulta más) y más comida que en los otros viajes, en los que lo máximo habían sido cuatro o cinco días.

Cuando ya teníamos la autocaravana bien equipada y a punto, nos decidimos por fín a salir. Viernes, 14 de Marzo, a las 6,30 de la tarde comenzamos nuestra nueva aventura.

En principio, teníamos que ir rumbo a Madrid, pues llevabamos un encargo para mi cuñada (que vive en Boadilla) y hacia allí nos encaminamos. El viaje transcurrió con la misma normalidad de siempre (es decir, los críos sin parar de reñir, y yo sin parar de gritar para que se callen, jejeje)

Llegamos a Boadilla cerca de la hora de cenar, así que, en cuanto llegamos, vimos a nuestro recién nacido sobrinete (que cada día está más guapo), y nos quedamos a cenar con mis cuñados. El encargo que llevábamos para ellos era la cuna, que al ser tan voluminosa el transporte desde Albacete resultaba algo complicado, así que la mejor solución fué que se viniese con nosotros y la trasladaramos en la auto).
La descargamos, tomamos un bocado, y cuando Toño descansó un ratillo, decidimos ponernos en marcha y dormir al salir de Madrid. Pues nada, nos despedimos de mis cuñados y el peque y otra vez en marcha...

No había demasiado tráfico, y eso unido a que no teníamos mucho sueño, decidió a mi marido a seguir camino un poco más lejos. Nuestra intención era poder estar al día siguiente en Trujillo, así que, Toño decidió que llegaría lo más cerca posible (ahora que estaba despejado) y así no perderíamos mucho tiempo por la mañana.

Tanto se acercó, que dormimos en el mismo Trujillo.... aunque llegamos a las 2,30 de la mañana... a pesar de mi insistencia en que parase a descansar, él me aseguraba continuamente que se encontraba bien, y que en cuanto viese que le entraba algo de sueño, pararíamos. Pero se encontró tan bien y despejado que entre buena música y charla amena, llegamos a Trujillo sin casi darnos cuenta. Bueno, Toño no tanto... como era tan tarde tomamos un café y a la cama, que había que reponer fuerzas para el día siguiente.



El sábado nos levantamos temprano, para aprovechar bien la mañana. Además, ya hemos tomado la mala costumbre de desayunar croissants tostados con mantequilla y mermelada... menos mal que luego quemamos todas esas calorías, pero es que ya no podemos pasar sin ese desayuno... parece más un ritual cuando vamos en la AC, y si no podemos desayunar eso, parece que nos falta algo, jejejej

Bueno, como digo, desayunamos bien desayunados y salimos a dar un paseo por Trujillo y visitar los lugares más destacados.

De esta ciudad guardamos mi marido y yo muy buenos recuerdos, pues Trujillo fué uno de los destinos cuando volvimos de nuestra luna de miel. Entre otros lugares, visitamos este, durmiendo en aquella ocasión en su Parador, un antiguo convento que nos dejó boquiabiertos cuando vinimos recién casados. Y por ese motivo, aún teníamos más ganas de volver a recordar aquellas callejuelas que habíamos visitado algunos años atrás.

Lo primero que hicimos fué encaminarnos hacia la gran plaza de Trujillo



desde la que se observa orgulloso al gran conquistador Francisco Pizarro sobre su caballo



A continuación, nos dirijimos hacia la Oficina de Turismo, en donde conseguimos una visita guiada para las 11:00. Mientras tanto, nos dedicamos a pasear por las callejuelas, llegando hasta el Parador en donde dormimos cuando vinimos recién casados, un antiguo convento que me tenía maravillada. Lo que más me impactó en aquel entonces, es que al ser Convento antes que Parador, las habitaciones tenían las puertas extraordinariamente pequeñas, pues eran (al menos así era la que nos dieron a nosotros) las habitaciones que usaban en la antiguedad las monjitas, y habían conservado su hueco y puerta originales.
De todas formas, en esta ocasión, no llegamos a entrar al Parador, sólo echamos un vistazo por la entrada, y nos volvimos hacia la plaza.

Al llegar, una amable guía nos condujo por todo Trujillo mostrándonos sus particularidades. Por supuesto, extremadura es la tierra de las cigüeñas y los nidos aparecen continuamente en las torres de muchos edificios. Eso, y las ventanas o balcones en esquina, eran algunas de las características de la zona.



Desde luego, las vistas desde lo alto de Trujillo eran una maravilla...



Después de pasear escuchando a la guía durante buena parte de la mañana, visitando las iglesias y la casa de Pizarro, nos despedimos para terminar en el museo del queso y el vino. Como era ya bien entrada la hora de comer, el chato y el trozo de queso que nos pusieron nos supieron a poco así que optamos por marcharnos hasta nuestra Ac y comer para reponer fuerzas.

Después de comer, descansamos un ratillo del barullo de la mañana, y en cuanto nos reponemos, salimos directamente hacia Cáceres. Llegamos alrededor de las 17:00.

En Cáceres, nos habían comentado que había un área para autocaravanas, así que nos dirigimos allí en primer lugar. El área resulta ser el aparcamiento del albergue juvenil de Cáceres.



Nos gustó el sitio bastante, pues es un lugar cerrado en el que la verja para los vehículos tiene hora de apertura por la mañana y de cierre por la noche, con lo cual, la tranquilidad era absoluta.

En cuanto llegamos nos bajamos del vehículo y fuímos derechos hasta la ciudad monumental, a ver si todavía podíamos ver algo.

Efectivamente, llegamos a tiempo, justo a las 17:30 sale una visita guiada, así que nos apuntamos al carro y esperamos un ratillo a que el guía quiera hacer acto de presencia.

El señor llegó enseguida y nos mostró a golpe de suela toda la ciudad monumental.

Increíble Cáceres monumental. Es una pasada de ciudad, sin duda recomiendo encarecidamente su visita, pues es un lugar digno de ser visto. Aunque ya había estado anteriormente, el paseo resultó ameno al lado de una persona que te iba explicando con pelos y señales todos y cada uno de los edificios por los que pasabamos, así como cualquier peculiaridad digna de mención.

Algo que me llamó la atención fué la estatua de San Pedro de Alcántara



(un santo local) que preside una de las esquina exteriores en la plaza de Santa María, y la tradición cuenta que todo aquél soltero que le besa los pies consigue llegar al matrimonio.



Cuando acabó la visita, bajamos hacia el aparcamiento para tomar un bocado, y descansar un poquito. Aunque ya habíamos comentado que volveríamos de nuevo después de la cena, pues Cáceres de noche es todavía más bonita debido a la iluminación con la que cuenta. De hecho, y según el guía nos contó, se ha llevado más de un premio por este motivo.







Pues eso, una gozada pasear por sus calles de noche.
Cuando nos cansamos de dar paseos, nos volvimos hacia la auto y a descansar, y coger fuerzas para el día siguiente.

Y llegamos así al domingo por la mañana. Esta vez, y para que no se diga que no podemos pasar sin los croissants, nos fuimos a tomar un chocolate con churros a una churrería que habíamos visto el día anterior (le echamos ya el ojo para desayunar). Así que, nos cascamos un chocolate con churros entre pecho y espalda, que luego a ver quién era el guapo que se levantaba de la silla, jejeje...

Al terminar el desayuno, nos dirijimos de nuevo hacia la plaza, pues nos quedaba por visitar la iglesia de Santa María y el Aljibe. No podíamos marcharnos sin ver estos edificios, cuya visita habíamos dejado para hoy, pues el día anterior ya estaba cerrado.

Una vez que terminamos de verlo todo, nos fuimos hacia la auto, tomamos un ligero almuerzo, y salimos de allí rumbo a Lisboa.

El trayecto fué más entretenido que de costumbre, pues al pasar la frontera todo era nuevo para nosotros y no queríamos perdernos ni un solo detalle del país vecino.

Lo que observamos (ya nos habían comentado algo del tema) es que las carreteras de Portugal, incluso autovías, dejan bastante que desear en comparación con cualquier autovía española.



Después de un buen trayecto por tierras lusitanas, nos decidimos a parar en un área de descanso para tomar un bocado, pues ya era la hora de la comida. Descansamos un ratillo y continuamos la marcha, pues aún quedaba un buen trecho para llegar a Lisboa.

Nuestro destino era el camping Lisboa, en el Parque de Monsanto. Cuando llegamos ya estaba anocheciendo.
A la entrada nos atendieron estupendamente, indicándonos el sitio donde deberíamos colocarnos, y allí que fuímos a instalarnos inmediatamente.



Después de un rato de aparcar, colocar todo y terminar de establecernos, decidimos tomar otro bocado y descansar (sobre todo Toño) del día de carretera que nos habíamos pegado.

Cuando ya estábamos algo más relajados salimos un ratillo a dar un paseo por el camping e inspeccionar la zona... recorriendo sus senderos, y ubicando las distintas zonas de lavabos, cafetería, lavandería, etc...

Al final, de vuelta otra vez a la auto y a descansar, que al día siguiente nos esperaba también una buena.

Y el lunes llegó. Despejado, y estupendo. Nos levantamos temprano para salir cuanto antes y aprovechar el día al máximo. Lo primero que hicimos (nos lo habían recomendado en el camping) fue salir a la parada de autobús y llegar en él hasta la Plaza del Comercio, en donde estaba la Oficina de Información y Turismo, y desde donde salían más autobuses, trenes y tranvías recorriendo todo lo que quisiesemos ver.

En una parada intermedia, compramos las tarjetas especiales con las que nos moveríamos por todo Lisboa sin tener que ir desembolsando cada vez que utilizásemos un transporte durante tres días. Nos costó (creo recordar) 11 euros por cada uno, y valió la pena.

Una vez en la Plaza del Comercio, (que por cierto me pareció bellísima (y enorme))



nos dirigimos hacia la Oficina de Información y Turismo, en donde nos dan un plano de toda Lisboa y nos informan de los sitios que no deberíamos perdernos.

Lo primero que quisimos visitar fué el Castillo de San Jorge



Nos encantó el castillo. Nos lo recorrimos de cabo a rabo, e incluso pasamos a una sala en donde se podía ver toda Lisboa a través de un periscopio gigante. Salimos encantados de la visita y de allí nos dirigimos hacia la Plaza del Rossío (que sería a partir de entonces nuestro centro neurálgico de transporte)



Otra enorme y bonita plaza, y de allí fuimos andando unas cuantas calles hasta llegar al elevador de Santa Justa.



Tengo que decir que a pesar de que me gustó bastante, me llevé gran decepción, pues me esperaba más. Sí... era tanto lo que me habían recomendado pasar a ver el elevador, que cuando lo ví pensé "no es para tanto". Aunque en realidad es precioso, un ascensor de los antiguos, por fuera de forja y de madera el interior... y lógicamente el gran papel que hace a los ciudadanos ahorrando un gran recorrido entre los barrios que comunica. En resumidas cuentas, uno de los símbolos más peculiares de Lisboa.

Por supuesto, otro de los grandes símbolos en esta preciosa ciudad son los tranvías



De los cuales hicimos buen uso dadas las enormes distancias a las que se encuentran los distintos puntos a visitar.

Y también por este motivo, no volvimos a comer al camping. En cambio nos habíamos traído una mochila con la comida y bebida, y comimos aprovechando que llegamos a otra bonita plaza.

Cuando acabamos los bocatas, buscamos una cafetería para tomar un café y probar los famosos pasteles de nata de Lisboa.

Llegamos a una de las numerosas pastisserías y probamos los deliciosos pasteles. Riquísimos. También compramos algo de pan para los bocadillos del día siguiente, aunque allí no encontramos nada parecido a una barra, sino unos panes redondos y con mucha miga que no eran lo más adecuado para bocadillos, pero nos serviría para arreglarnos.

Una vez que acabamos en la pastissería, nos dirigimos hacia el metro para visitar la zona del Parque de las Naciones (donde se celebró la Expo de Lisboa) y ver el Oceanario.

A pesar del recorrido en metro, nos costó un gran paseo llegar hasta la zona, pero mereció la pena, ya que el Oceanario nos gustó bastante,



en especial a los críos, que lo pasaron de fábula viendo a todos los animales.



Al salir del Oceanario, vimos que había una telecabina que nos dejaba en el monumento a la naciones y nos montamos para llegar hasta allí.



Cuando acabamos el recorrido por la zona, vuelta al metro y otra vez a la zona de Plaza del Rossío y elevador de Santa Justa. Volvemos a subir para llegar al barrio alto.

Dimos una última vuelta por la zona y al fin, de vuelta para el camping. Lo único a destacar de esa última parte del día es que desde que esperamos en la zona del autobús, hasta llegar al camping, fácilmente se iba hora y media en el recorrido.

Como podréis imaginar, llegamos reventados, así que, directamente un bocado y a tumbarnos y dormir para estar nuevos a la mañana siguiente.

Así llegó el martes.

Nuevo día, y tras prepararnos para pasarlo de un lado para otro, salimos otra vez en dirección a la parada de autobús.

En esta ocasión la visita es al barrio de Belem.

En primer lugar, entramos al Monasterio de los Jerónimos.



En dos palabras: Im-presionante.



Sólo por este edificio ya merece la pena ir a Lisboa. Yo me quedé impresionada totalmente.

Después de la visita al Monasterio, salimos para cruzarnos (porque está justo enfrente) hasta llegar al Monumento a los descubridores





También una maravilla de monumento, al que se puede subir para contemplar las vistas. Aunque nosotros preferimos ir dando un paseo hasta llegar a la preciosa Torre de Belem.



Qué belleza. Bonita por fuera y bonita por dentro.



Otro buen motivo para visitar Lisboa.

Cuando acabamos, estabamos ya bastante cansados, pero vimos que en el puerto salían ferrys cruzando el Tajo hacia la otra orilla y nos decidimos a montar en uno y llegar a los pueblecitos de enfrente (el caso es que nos atraía la idea de cruzar el Tajo en un ferry, jejeje).



Así fué como llegamos al pueblecito de Trafaria.

Una vez que desembarcamos, nos dimos un paseete y buscamos un lugar adecuado frente al mar para tomar un bocado. Una vista preciosa del tajo desde allí, y un buen descanso.

Así se hizo la hora de volver. Nos tomamos un cafetillo mientras esperabamos de nuevo al ferry y enseguida estábamos en la otra orilla otra vez. Al llegar a lisboa de nuevo paseamos por el barrio de Belem hasta encontrar la pastelería en donde se hacen los mejores pasteles tan famosos de crema. Famosa en todo Lisboa.

Desde allí nos marchamos otra vez para la Plaza del Comercio y esta vez nos dirigimos hacia la Iglesia de Santa María la Maior, Catedral de Lisboa.



Muy bonita la Catedral. Cuando llegamos había todo un grupo de estudiantes de bellas artes (imagino) intentando plasmar en sus cuadernos diferentes planos del interior del claustro, en donde se llevaban a cabo unas excavaciones pues habían ruinas bajo los cimientos y había que ver todo mediante pasarelas.

Al salir nos encaminamos hacia el Panteón Nacional, otro lugar que no queríamos perdernos, pero cuando llegamos, estaba cerrado, por lo que pospusimos la visita para el día siguiente.

De esta forma llegamos de nuevo hasta la Plaza del Rossío para coger el autobús y llegar al camping. Al llegar, cena ligera y a descansar, pues estabamos reventados.

Pero cuando llegamos, no todo era paz y tranquilidad, poco después de nuestra llegada un estruendo de música a todo trapo nos dejó algo sorprendidos, y después de tomar un bocado decidimos salir de la Ac para dar un paseo y descubrir a qué se debía el escándalo nocturno con el que se nos deleitaba.

Y lo descubrimos, jejeje resulta que para esos días, había una convención (o algo así) de grupos de jóvenes de todos los países (no sé si scouts o qué, lo que sé es que era un grupo como scouts, organizado con adultos y todo, aunque no había niños pequeños, eran más bien todo jóvenes)... el caso es habían montado una carpa gigante en medio del camping, y se habían montado un fiestorro (al cual estábamos invitados, como nos comentaron cuando pasamos por allí) que duraría hasta las 3 de la mañana.

Así que, después de dar una vuelta, nos decidimos por volver a la auto y descansar, pues lo que necesitábamos en ese momento no eran unas copas y bailar, jejejej más bien una buena cama en donde dormir. Y eso hicimos, tan cansados estábamos que ni la música a todo trapo pudo evitar que conciliásemos el sueño.

Y así llegamos al miércoles. Otra vez temprano y con la mochila preparada para ver más cosas. A estas alturas ya estabamos algo cansados, pero teníamos que ver lo que nos quedaba de Lisboa.

Después del largo recorrido, llegamos hasta el Panteón Nacional.

Entre otras personalidades y presidentes, allí yacen Vasco de Gama o Luis de Camoes.



Otro edificio que impresiona y mucho.



Subimos hasta su azotea, en la que hay una gran terraza y desde donde se puede contemplar todo Lisboa.



Desde allí nos fuimos para la Iglesia de San Vicente de Fora.

Una verdadera maravilla. En su interior se puede acceder al claustro de un antiguo monasterio agustino.



Una vez que terminamos la visita, salimos para coger un tranvía que nos llevase al Barrio Estrela, que era la zona que nos quedaba por visitar. Y de camino, pasamos por la Asamblea de la República, que está ubicada en el Palacio de Sao Bento, en cuya parte trasera tiene su domicilio el primer ministro.



Y cuando por fín cogimos el tranvía... nos sucedió algo totalmente inesperado.... de pronto, la policía portuguesa paró el vehículo y lo revisó de arriba a abajo antes de dejar salir a nadie... parece que habían dado la alarma de unos cacos robacarteras (que allí parece una técnica de los más habitual)... hasta que se percataron que no había nadie sospechoso, y nos dejaron continuar la marcha. O sea, que también tuvimos escena policíaca en nuestra aventura, jejeje...

Por fin, llegamos hasta la Basílica de Estrela, y pasamos a su interior.

Después de admirar su interior, decidimos salir y pasear por las calles del Barrio Alto de Lisboa, callejeando por la zona de tapeos, hasta encontrar un lugar en donde pedir una caña y unas tapas en las que hubiese bacalao para no quedarnos sin probar tan exquisito manjar, preparado de mil y un formas, según nos habían comentado.

Al terminar seguimos dando paseos y llegamos al elevador do Vico, que es otro distinto al de Santa Justa.



Después de montar en él para cambiar de barrio nos entretuvimos comprando unos vinos y algunos regalitos. Acabamos otra vez en la pastelería tomando un café con leche y probando algunos pasteles. Toño hasta probó el típico caldo verde (no quería marcharse sin probarlo, jejejej... por cierto estaba riquísimo). Y desde allí en busca otra vez de la Plaza del Rossío y al camping de vuelta. Este día acabamos algo más temprano, pero necesitábamos ya tomar un descanso algo más prolongado pues llevábamos muchos días de batalla y necesitabamos un descanso algo más prolongado para seguir la marcha al día siguiente.

Aún así, tardamos más de la cuenta en llegar al camping, el transporte la verdad se nos comía mucho tiempo... pero al llegar tuvimos tiempo de descansar de sobra.

Esa noche, de nuevo la música a toda pastilla de la concentración juvenil. Como ya sabíamos lo que había, nos dedicamos a tomar un bocado, ver algo de tele y enseguida a tumbarnos y descansar lo más posible, pues al día siguiente teníamos más cosas para visitar. Como el día anterior, tal era nuestro cansancio que el chunda-chunda de la música no alteró para nada nuestro descanso.

Pasó otro día más, y llegamos así al jueves. Para este día ya se nos acabó el tema de la tarjeta de transporte, así que lo primero fué recargarla para no tener problemas, por lo menos para un día más.

Teníamos pensado pasar el día en Sintra, por lo que nos dirigimos directamente a la estación de Lisboa. Me encantó la fachada de la estación...



Encima de cada puerta, se puede leer en la piedra "Estaciao" en una puerta y "Central" en la otra... la verdad que me gustó mucho la entrada al edificio.

Pues nada, compramos los billetes y derechitos a Sintra.
Una vez en Sintra, teníamos muchísimas cosas para visitar, pero como sólo teníamos hasta las cinco o seis de la tarde, y había que pensar en la vuelta al camping, pues la visita se limitó a dos cosas.

La primera que visitamos, El Palacio da Pena.



Increíble. Quedamos alucinados, tanto por su exterior, que parece un palacio de cuento, como por su interior, sus salas totalmente amuebladas con exquisitos muebles que se conservan de cuando estaba habitado. Otra visita que recomiendo.

Para visitar todos los monumentos, había un bono en el que iba incluído el autobus, ya que tanto la visita al Castillo da Pena, como a algunos otros sitios había que hacerlos en este medio de transporte. Imposible caminando pues las distancias son grandes. Así pues, un autobús nos trasladó después de la visita al Castillo, y llegamos otra vez a Sintra, en donde se encontraba lo siguiente que ibamos a ver.

Se trata de la Quinta do Regaleira.

Tanto su Palacio como los jardines por los que está rodeado, son sencillamente impresionantes.



Cuando lo vimos, pensamos que el que lo había diseñado tenía un parecido con Gaudí (en cuanto a genialidad se refiere, claro).

El Palacio, con puertas secretas, y diferentes salas, nos desconcertó bastante.

Pero lo más impresionante son (para nosotros) los jardines. Diferentes lagos, grutas, y dentro de las grutas pasadizos secretos que te llevan de una punta a la otra de la finca por debajo de la tierra. Increíbles pasadizos, y sitios encantadores, con un toque romántico y a la vez relajante a la vista.

Quedamos prendados de todo el lugar, y creo que aunque no nos dió tiempo a ver más cosas, dimos el día por muy bien aprovechado.

Efectivamente, otros lugares como el Castelo dos Mouros, el Palacio Nacional, Convento dos Capuchos, etc... quedaron pendientes, pero no nos daba tiempo a más. Sintra es una ciudad preciosa, que merece más de un día para visitarla como merece. Nosotros hemos dejado cosas pendientes que si nada lo impide, veremos en una próxima ocasión.

Cuando llegó la hora, volvímos a la estación y de vuelta hasta Lisboa dimos un ligero paseo hasta llegar a la Plaza del Rossío. Este día también llegamos algo pronto al camping, y nos dió tiempo a descansar algo más. De hecho, teníamos pensado salir por la mañana temprano y despedirnos ya de Lisboa, pues ya habíamos visto lo más importante y las vacaciones se terminaban.

De esta forma, llegamos al viernes. En este día, bien tempranito recogimos todo, y salimos del camping (con autocaravana incluida) después de pasar por recepción y retratarnos (of course). Con todo el dolor de nuestro corazón, salimos de allí rememorando los días pasados con mucho cariño. Nos habían atendido estupendamente, y lo habíamos pasado genial tanto en Lisboa como cuando volvíamos a descansar durante las noches. Nos queda un grato recuerdo de este lugar.

Así empezamos la vuelta.

Como no podía ser de otra manera, Toño quiso pasar por encima de no uno, sino los dos puentes famosos en Lisboa. Uno, el 25 de Abril,



Y el otro, el Vasco de Gama de unos 17 kms. más o menos...



Nos llevó gran parte de la mañana, pero era un capricho el pasar por ambos puentes antes de abandonar Lisboa, y así lo hicimos, para no quedarnos con las ganas. Cuando por fin acabamos de dar vueltas y pasar por los puentes, nos dirigimos hacia la ciudad de Évora.

Otra bella ciudad en la que paramos a tomar un bocado pues ya se hacía la hora de comer. Cuando bajamos a dar un paseo, nos quedamos con ganas también de visitar su famosa capilla de los huesos, ya que llegamos diez minutos tarde y ya estaba cerrada. Así que, paseamos por sus calles, llegando hasta donde está el Templo de Diana,



lo demás estaba todo cerrado. Otra ciudad que tendríamos que volver a visitar, pues quedaban pendientes muchos lugares bellos que no podíamos ver. Queríamos llegar esa misma noche a Mérida, así que subimos a la auto y nos pusimos en marcha.

Después de un largo trecho, atravesamos por fin la frontera... otra vez en nuestra querida España.... y desde luego, otra vez en nuestras maravillosas carreteras... eso es algo que Toño echó mucho de menos a lo largo de todo el recorrido, jejejeje.

Por fín entramos en Mérida, nos habían hablado de un parking en el que podríamos pasar la noche, así que hacia allí nos dirigimos. Recuerdo que no nos quedaba apenas gasolina, y Toño quería dormir con el depósito lleno... nos pasamos un buen rato buscando pues la mayoría de las gasolineras estaban cerradas, y no había forma de encontrar una abierta. Menos mal que al final conseguimos llenar el depósito y marcharnos hacia el parking.




Llegamos ya bastante tarde, así que, en cuanto paramos tomamos un bocado, y descansamos viendo un rato la tele antes de tumbarnos a dormir.

Y así nos metimos de lleno en el sábado.

Otro madrugón para aprovechar el día a tope. En cuanto desayunamos nos ponemos las pilas y a caminar para ver lo que pudiésemos de Mérida. Nosotros (mi marido y yo) ya la visitamos cuando nos casamos, pero mis hijos no la conocían y queríamos mostrarles lo más importante de la ciudad.

De nuevo nos dirigimos hacia la Oficina de Información y Turismo y nos indican que hay un bono para visitar todo y nos dan un descuento, así que lo utilizamos y empezamos las visitas.

Primero el anfiteatro romano...



Después el teatro romano,



La alcazaba árabe...



Después de recorrerlos al completo, salimos de allí para ver otros monumentos...

Pasamos por el Templo de Diana (otro distinto al de Évora)



En realidad, parece que guardan bastante parecido ambos Templos.

El puente romano visto desde la Alcazaba...



También pasamos por el Circo Romano...



Y así nos recorrimos prácticamente casi todo... los Columbarios, la Casa de Mitreo...

Llegamos hasta la Basílica de Santa Eulalia... nos sorprendieron las excavaciones que habían en sus sotanos... increíble lo que se ha encontrado bajo la tierra de esa basílica...



Para terminar el día, acabamos visitando el Museo de Arte Romano...



Espectacular todo el Museo... pero llegó un momento en que mis pies se negaron a andar por más tiempo... me senté en uno de los bancos, y de ahí sólo me moví para volver a descansar a la dragoneta.

Por fín en la auto, uff... después de todo un día de patearnos Mérida... cuando llegamos no me lo creía, jejejej

Tomamos algo para reponernos... descansamos durante un buen rato... y Toño pensó que en vez de dormir en el parking de nuevo deberíamos movernos para acercarnos más a Albacete antes de dormir.

Dicho y hecho, nos pusimos en marcha y esa misma noche aterrizábamos en el área de Don Benito (Badajoz).



Allí paramos, nos tomamos un café calentito, y a dormir, que nos lo merecíamos (sobre todo Toño, que después de todo el día de paliza, aún había conducido).

Al día siguiente, después de desayunar tomamos la dirección hacia Madrid, y de nuevo pasamos por casa de mis cuñados en Boadilla del Monte... esta vez, les avisamos que llegaríamos a comer, aunque con tantas retenciones, llegamos más bien algo tarde.

Y una vez que comimos, Toño se echó un ligero sueñecillo antes de volver a ponerse al volante, esta vez para llevarnos a casa.

Y esto ha sido todo. Espero que os haya resultado ameno. Llegamos cansados pero muy contentos porque lo habíamos pasado de fábula.... y como siempre, con pena porque ya quedaba menos para aparcar la Dragoneta hasta la próxima salida... pero con muchas ganas de preparar un viaje igual o más maravilloso que el que acababamos de vivir.